Escribir para comprender

Categoría: mujerabasedebien

Sexo inmortal

por mujerabasedebien
Publicado originalmente: 20dic08


Sus manos arreglan todo lo que tocan, incluyéndome a mí.
En cuanto una de ellas se posa sobre mi piel, a todos los rincones de mi cuerpo llega un mensaje de fiesta sexual.

Cuando está dentro de mí, veo a dios, entiendo el sentido de la vida, quiero metérmelo a él entero dentro y volver a parirlo ¿acaso no es eso lo que todos buscamos con el sexo?
Follamos para vencer a la muerte, para volver a nacer.

Tienes el deber de escribir lo que las personas te inspiran, me dice mirándome a los ojos segundos antes de llevarme a un delirio en el que haré lo que él quiera: gemir, rugir, llorar, abrir las manos, cerrarlas sobre su piel…

Y después, obediente, escribo.
Le hago inmortal.

Polinización

por mujerabasedebien
Publicado originalmente: 23 nov 08
Fotografía en contexto original: jardinesverticales


Me agrada su compañía porque es un hombre sabio.
La mayoría de la gente le toma por un loco, y él lo sabe.
La última vez que nos vimos, me confesó que sólo se atreve a hablar de determinadas cosas conmigo.

Entre sus amantes, debo ser la única que le escucha después del inmenso placer, la única que no le interrumpe mientras habla y habla y habla para aliviar la carga de su dolorosa lucidez, la única que recoge cada palabra para sembrarla allá donde haga falta.

Él vive hacia adentro, yo soy todo exterior.
Cuando llamo a su puerta,
sé que al fin podré callarme.

El porqué de todas las cosas

por mujerabasedebien
Publicado originalmente: 10 nov 08


Hay días en los que odia ese maldito cuerpo lleno de vida, y envidia a las mujeres de pelo blanco y manos sarmentosas, a las piedras y a los muertos.

Hay mañanas en las que el cuerpo se levanta pidiendo
guerra
guerra
guerra.
De nada sirve razonar con él y explicarle que no conviene, que es un jaleo, que… Antes de que haya terminado de hablar, el cuerpo, ese enemigo, lo habrá inundado todo de un olor inconfundible. Un olor que la acompañará cuando vaya a esa reunión, cuando discuta con el proveedor, cuando atienda al mensajero, cuando abra la puerta al tipo que viene a arreglar la lavadora, cuando se cruce con el vecino, cuando vaya a por el pan. Un olor que se filtrará por el teléfono, por el teclado del ordenador, por el tubo de escape del coche. Un olor que atraerá a los machos, que los hará revolotear: ahora me acerco, ahora me alejo, ahora vuelvo a acercarme, ahora vuelvo a alejarme, ahora me vuelvo a acercar…

No podrán resistirse al olor, no podrán quedarse quietecitos con la mirada baja.
Alfombrarán de claveles la Gran Vía, susurrarán las palabras más certeras para llegar al centro de su cerebro, esparcirán el deseo y se marcharán.
Porque despertar el deseo empieza a ser suficiente.
Y a ella comenzará a dolerle todo el sistema muscular, como a un yonqui privado de su dosis.

Se siente como cuando de niña le decían: el perro puede oler el miedo, no tengas miedo.
¿Cómo dejar de tener miedo?
¿Cómo dejar de ser una hembra?
¿Cómo apagar el rubor de las mejillas, la sonrisa de los labios?
¿Cómo velar el brillo de los ojos?
¿Cómo dejar de darles miedo?

Con un burka.

Feromonas

Por mujerabasedebien
Publicado originalmente el: 20 julio 08
Fotografía de Will Burrard-Lucas en contexto original: nairaland


La naturaleza sexual de cada uno resulta difícil de ocultar.
Yo llevo la mía escrita en la cara. A los hombres les basta mirarme una vez para saber que soy una hembra que disfruta mucho con el sexo.

Acudí a aquella fiesta tras una abstinencia voluntaria de varios meses, sin ningún propósito en mente, todos eran amigos y viejos conocidos, no era probable que de ella surgiera algún plan que rompiera mi vida de castidad.

Ya por la mañana me había visto en el espejo con el guapo subido, y escogí una ropa que redundara en las virtudes de mi cuerpo.

No uso perfume. La experiencia me ha demostrado que mis feromonas son mi mejor carta de presentación. Y hacía calor, sudaba. Los machos interceptaban mi camino cuando me acercaba a la barra: estás guapísima hoy, estaban pendientes de darme fuego cuando me llevaba un cigarrillo a los labios y se ofrecían a ir a por mis copas: deja, yo te la traigo ¿qué te pido? Empecé a sospechar que antes de que amaneciera habría puesto punto final a mi experimento de vida sin sexo. ¿Con cuál de ellos?¿Por qué tenía que elegir a uno solo? De buena gana les habría hecho felices a todos. Coqueteé a discreción y dejé que la noche me mostrara el camino.

No acababa de refrescar. La melena me provocaba un efecto invernadero sobre el cuello y el principio de la espalda, y me la recogí con la mano para que corriera el aire. Él aprovechó para soplarme en la nuca como un pequeño ventiladorcito erótico.

– Ay, muchas gracias- agradecí.

Llevaba varias horas demostrándome que era otro macho compitiendo por la hembra, acercó la nariz a mi cuello y me olisqueó como si fuéramos dos animales en la selva. dando con ello lugar al comienzo del proceso natural de selección. Había machos más jóvenes, más fuertes y más guapos, pero ninguno se había atrevido a atacar ni había provocado aquella corriente de deseo en las terminaciones nerviosas de mi piel.

– Qué bien hueles, qué maravilla- repitió varias veces sin dejar de olfatearme.

Con ese gesto, aparentemente inocente, hizo que subiera la marea que inundó mi cueva. Allí reside la hembra que unas veces se contonea felizmente sumisa bajo un macho que sepa lo que hace y otras se mueve con autoridad sobre él, todo para sentirse llena de hombre.

Supe en el acto que, entre todos, él sería quien terminaría la noche dentro de mí.
La naturaleza es sabia.
Hacía mucho que había amanecido cuando volvió a vestirse para llevarme a casa como un caballero.
Cuando me bajé del coche, todavía me temblaban las piernas. Y ya había empezado a brillar la sonrisa que me iluminaría durante el par de días siguientes.

Funambulista

por mujerabasedebien
Publicado originalmente:24sept08
Fotografía en contexto original: granadadigital


Vivo sobre el alambre.
Vuestros corazones se detienen
cuando parece que estoy a punto de caer.
Unas veces finjo tropiezos.
Otras, tropiezo.

Si no me gustara el riesgo
si no me gustaran las alturas
si no hiciera piruetas sobre el vacío,
no me habrías llevado a tu cama.

Y yo no habría atado en tu ventana un alambre por el que huir.

Todo lo que sé de amor y sexo

por mujerabasedebien
Publicado originalmente: 1 de Julio 2008
Fotografía en contexto original: esculturas.info


La fidelidad no compensa.
La infidelidad tampoco: sentirse culpable no mola, llevar una doble vida, a la larga se paga.

Yo he sido infiel siempre, excepto cuando he sido fiel, y no he notado gran diferencia. Al final la cosa se lía. O porque has mantenido relaciones sexuales con una tercera persona, o porque has fantaseado con esa posibilidad.

Durante  una breve temporada, consideré la idea de la poliandria. Pero tampoco habría funcionado:  si podía tener dos hombres, pronto habría querido tener tres, y si tenía tres, pronto querría tener cuatro… etc.

No existe lugar seguro.

Sexo en solitario

por mujerabasedebien
Publicado originalmente el 18 marzo de 2008


No siempre se dan las condiciones espaciotemporales adecuadas para el sexo en pareja.

A falta de pan, buenas son tortas.
El sexo en solitario es un noble arte que ayuda a aliviar tensiones
a conservar el buen humor
y a dormir como un bebé.

Nadie nos conoce mejor que nosotros mismos.
Al menos cuando estamos en nuestras manos sabemos que estamos en manos de alguien que sabe lo que queremos.

Eso sí, no reparte felicidad.

Qué les gusta a las mujeres

por mujerabasedebien
Publicado en ABRIL 2008
Fotografía en contexto original: menshealth


A los hombres les pone ponernos a trabajar: que les hagamos la comida, les traigamos la cerveza y les cuidemos cuando están malitos.

El otro día estaba en casa de mi mejor amiga. Las dos estábamos charlando en la cocina cuando su marido pasó por delante de la ventana desbrozando el jardín, haciendo un gran esfuerzo físico, sudando la gota gorda. Y las dos nos quedamos calladas un buen rato, admirándole.

— Qué cachonda pone ver a los tíos currar ¿verdad?— me dijo ella con voz ronca de deseo.
—Ya te digo- contesté sin dejar de mirarle—. Y que luego te follen en condiciones, nada de mariconadas de estoy cansado.
—Mariconadas ni una.

© 2021 Marisol Oviaño

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