Escribir para comprender

Dejar un bonito cadáver

por Marisol Oviaño
Publicado originalmente en julio de 2008
Fotografía en contexto original: twitter


De vez en cuando, C. y yo decidíamos alegrar el día a todos los hombres que se cruzaran en nuestro camino y  salíamos a coquetear a discreción.

Hacíamos una extraña pareja, nunca sabían sobre cual de las dos detener la mirada. Coqueteábamos con el funcionario de Hacienda, con el guardia jurado de la Seguridad Social, con el apoderado del banco, con el notario, con el frutero, con el joven mecánico- al que le pedíamos que nos explicara, con el capó levantado, qué le había hecho a nuestro cochecito-, con el vecino, con el cartero, con el camarero que nos traía las cañas.

Resultaba tan fácil haceros felices… Pero éramos conscientes de que no podríamos jugar a ese juego eternamente. Que la actitud que entonces hacía sonreír- y cómo- a los hombres, dentro de unos años resultaría ridícula, cuando no patética. Y después de una mañana de coqueteo indiscriminado, nos sentábamos en la plaza del pueblo para analizar a las mujeres mayores y decidir a cuál de todas queríamos parecernos.

No nos gustaban las que seguían vistiendo como si tuvieran 20 años, se pintaban como monas y meneaban las caderas de abuela como si todavía estuvieran en edad de parir. Tampoco las que se instalaban en una indefinida mediana edad gracias a las mechas y a un aire respetable que parecía sacado de un manual, ni las mujeres con aspecto de señoras de toda la vida.  Durante un par de años de trabajo de campo, no encontramos una a la que quisiéramos parecernos.

Ya no salimos a coquetear: ella se ha enamorado, fin de la partida. Yo siento curiosidad por la vieja que empieza a adivinarse en mi espejo. Y me pregunto si será la misma mujer que años atrás, en el colmo de la coquetería, se decía: vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver.

 

 

2 comentarios

  1. Luis Lozano Diego

    ¿ Quién no se identifica con eso ? No hace falta ser mujer… Muy bien descrito, y con muy pocas palabras, como tú sabes hacer.

  2. Antonio Santos

    Me has hecho recordar la definición de Kundera. «Coqueteo: promesa de coito sin garantía de cumplimiento».
    En general, a mi no me hace feliz, salvo cuando lo practico yo.

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