Por Marisol Oviaño

Hace años todo el mundo se deshacía en elogios al hablar de la película La vita è bella. Esa en la que un padre hace lo imposible por hacer creer a su hijo que viven en un campamento de vacaciones, cuando en realidad están en un campo de concentración nazi.

No negaré que también yo lloré con ella.
Pero.
He tenido oportunidad de sentirme como el protagonista.

Mis hijos, que van donde mi circo vaya, se vieron seriamente afectados por la desaparición de su padre. Y la primera reacción de mi entorno fue la del progenitor de La vita è bella: miente a los niños, finge que no ha cambiado nada, que ellos no sepan… Todas las personas que nos querían me exigían que los protegiera de la realidad negándola.

Finge que nada ha cambiado, ten la casa limpia, la comida a punto, la sonrisa fácil, las manos suaves, trabaja, administra el dinero, haz la compra, tíñete las canas, no envejezcas, deja de fumar, de beber, de darle gusto al acelerador, y, al final de la dura jornada, llega a casa sonriente con un kinder bueno para cada uno de tus hijos.

Como si eso pudiera ocultar que habíamos perdido a uno de los miembros de nuestra familia en el camino.

La realidad era que nuestro mejor aliado se había convertido en nuestro peor enemigo y que nuestra antigua estrategia familiar ya no nos servía para nada.

Sólo sobrevive el que se adapta.

Sólo se adapta el que hace un buen análisis de la realidad.

Lo contrario provoca una neurosis terrible que impide que la vida fluya. Y comprendí que mi misión no era disfrazar la realidad para mis hijos, sino enseñarles a sobrevivir en ella.

Les mostré el campo de concentración, fuimos hasta las puertas de las cámaras de gas y les expliqué para qué servían, quién mandaba allí, a quién no había que mirar a los ojos, a quién rehuir, en quien confiar, dónde esconder las migajas que nos sobraban.

La negación de la realidad es una mala táctica defensiva. La vita è bella es una película.

La tierra que tengo en las uñas, la tierra del túnel en el que mis hijos y yo trabajamos, es real.