por mujerabasedebien

Las mujeres necesitamos sentirnos llenas de hombre.
Al menos, las mujeres-mujeres, las que no queremos que los hombres usen nuestra crema de depilar.

No hablo de esas que se matan a hacer cosas raras en el gimnasio, no dejan pasar una cana, tienen los kilos a raya, se compran lencería fina, se gastan una pasta en ropa, cremas, peluquería, maquillajes, perfumes, zapatos, bolsos… y acaban su jornada como mujer justo cuando ponen la cabeza sobre la almohada, agotadas de haber parecido perfectas todo el día.

Las mujeres no queremos sólo preliminares, besitos, mimos, caricias ¡masajes! (¿cómo es que ahora todos sabéis dar masajes?). Necesitamos, además, sentirnos pe-ne-tra-das. Ni el mejor modelito hecho a medida te hace sentir tan atractiva como un hombre enarbolado, desesperado por estar dentro de ti. Ninguna sesión de bronceado o peeling favorece tanto como ese brillo de ojos, ese arrebol en las mejillas después de un orgasmo, esa sonrisa con la que iluminarás cada estancia en la que entres.

En realidad, todo es muy sencillo: si tú te vuelves loco de deseo por mí, si tú haces que me sienta la mujer más atractiva de la tierra, yo sólo tendré un objetivo: hacerte feliz. Las mujeres nacemos con un instinto de entrega que no tendría por qué desaparecer en la cama.

Si tú haces que me sienta mujer, yo haré que te sientas muy hombre.
Pues esto, que parece tan fácil, es una movida que no arreglan las religiones, las democracias, las asociaciones de vecinos ni los reality de la tele.