por Marisol Oviaño
Publicado originalmente: 21nov08
Imagen en contexto original: wikiart


Mi amiga y yo hemos pasado dos horas y media al teléfono.
Mientras hablábamos, he salido por leña a la terraza, he echado más troncos al fuego, he visto como se convertían en brasas, me he puesto una copa y he liado varios cigarros.

Mi amiga tiene una situación vital lamentable que viene durando demasiado.
Su separación matrimonial es un drama de esos que, a poco que te descuides, acaban en violencia de género con cámaras de telediario, cadáver cubierto por una sábana en una camilla del Samur y vecinas diciendo que se veía venir.

La crisis ha barrido primero a todos los free-lance que a las empresas no les cuesta dinero despedir. Por supuesto, ella es free-lance, y la bendita hipoteca se ha convertido en la cadena perpetua que la ata de pies y manos.

Y tiene constantes problemas de salud.
Todo lo que puede ir a peor, va a peor, y la mala racha no acaba nunca.
Hoy se me ha ocurrido preguntarle: ¿cuánto tiempo hace que no echas un buen polvo?
Año y medio, ha contestado esgrimiendo su virtud como garantía de su buen juicio.

Muchas mujeres se creen que absteniéndose del sexo solucionan algo. Cuando lo único que hacen es aumentar los problemas, que se convierten en bobadas después de que el cuerpo ha recibido lo suyo.

Sal a echar un polvo.
Sal a que un hombre te toque, te llene de hombre, te haga sentir deseada.
Sal a que otras manos agradezcan tu piel y bendigan tu presencia.
Sal a entregarte y a que se te entreguen.
Sal a hacer feliz a alguien que está deseando hacerte feliz.
Estamos hechos para tocarnos.

Claro, se ha apresurado a responder, tú lo dices porque ahora mismo todavía te tiemblan las piernas.

Claro que es por eso ¿no te lo estoy diciendo?

Pero es que para acostarme yo necesito complicidad, un hombre que me conquiste por la oreja, un hombre que no me traiga problemas, ha dicho.

¿No te das cuenta de que pides el sol y la luna? Si le pides que te conquiste por la oreja, le estás pidiendo que establezca un vínculo, que se esfuerce como si quisiera conquistar tu amor. Pero que no te dé problemas, como si hubieras follado con un desconocido en un ascensor.

Señoras, seamos serias.
Que estamos acabando con los hombres, coño.