Escribir para comprender

Etiqueta: construyendo

Construyendo, 7

por artista desconocida
Publicado originalmente: 11ene09


Poco a poco, el local va cambiando de aspecto.
Estaba deseando dar sepultura a ese azulón frío y corporativo que olía a caja registradora. Ayer forró las columnas azulonas con mapas topográficos y de carreteras. Hoy, por fin, ha terminado de pintar el marco del escaparate y la puerta de entrada, que ahora lucen morado proscrito, un término medio entre lila y nazareno, si es que puede haber término medio entre una flor y un calvario.

Poco a poco, el karma del local va cambiando también.
Todos los días, antes de desnudarse en la trastienda para enfundarse en la ya áspera ropa de obrero, enciende un palito de incienso y pone música para arremangarse de buen rollo.

Cada persona que va pasando por allí, va dejando buenos y deseos y vibraciones.
El hijo, hasta hace semanas purito intelecto, se encarga de todo lo que pesa demasiado, todo lo que sea desmontar, golpear, pintar, desarrollar un esfuerzo físico.

La hija echa una mano y opina en decoración como si no hiciera sólo mes y medio del día en que le vino la primera regla, como si no tuviera su dormitorio hecho un desastre.

Los amigos apoyan, aportan ideas, aconsejan y, si viene al caso, arriman el hombro.

Entre todos conseguiremos que sea acogedor, se dice ella liando un cigarro mientras contempla el resultado de la tarea de hoy, a pesar del maldito techo técnico. En las últimas semanas se le han llenado las manos de callos y pequeñas heriditas. Se me están poniendo manos de hombre, piensa mientras frota con los dedos de la derecha la palma de la izquierda.

Y cae en la cuenta de que el hombre  que ha adelantado el dinero para el salto al mundo real del universo proscrito, el mecenas misterioso al que ella apenas ha visto en concurridas reuniones tres o cuatro veces en su vida- ni siquiera se ha encontrado con él para pedirle o recibir el dinero, bastó un correo electrónico-, no ha puesto nunca los pies allí.
Ni probablemente lo vaya a hacer.
Tal vez le sirvan estas crónicas escritas en la tardía noche, cuando nuestra luchadora duerme y yo, artista noctámbula, caliento mis palabras al calor de una copa y un buen fuego.

Gracias.
Hoy va por él.
Sé que nos lee.

Construyendo, 5

por artistadesconocida
Publicada originalmente: 22dic08


Le duelen los riñones y decide hacer un alto para descansar y liarse un cigarrito.
Su primogénito ha estado ayudando por la mañana, le ha dado la tarde libre para que salga a divertirse un poco con los amigos; no quiere saturarle con lecciones prácticas de la vida.

Pensaba haber empezado hoy a pintar la trastienda, pero ahora que sólo le falta una estantería por desmontar, ahora que ya ha conseguido apilar todos los trastos en el centro de la habitación, descubre que las paredes están demasiado agujereadas para pintarlas sin más. Hará falta dar masilla. Suerte que tuvo la precaución de comprarla en la mañana. Imposible empezar hoy. Ya son las nueve de la noche, tardará un buen rato en tapar los agujeros y poner la cinta de carretero. Pintar es lo que menos tiempo lleva. Y está derrengada.

Es lógico que el local tuviera mal karma, se dice observando las paredes agujereadas hasta el dolor, la frialdad de las luces de neón, la falta de amor por el trabajo recogida bajo los disuasorios colores corporativos de la franquicia. Ninguno de los ocupantes anteriores amaba lo que hacía. Vamos a divertirnos mucho juntos, dice dejando el cigarro en el cenicero.

Y vuelve a la tarea, celebrando el haber trabajado siempre hombro con hombro con hombres y poder prever que, cuando se sueltan todos los tornillos de una estructura, ésta cae.

 

Construyendo, 3

por artistadesconocida
Publicado originalmente: 14dic08
Fotografía en contexto original:


Ha pasado toda la mañana trabajando como una mula.

Por la tarde ha tenido la feliz idea de decirle a su hijo de quince años que la acompañara a mover un par de cosas de peso. Aunque él había amenazado con estar allí sólo cinco minutos, cuando ha terminado de hacer lo que su madre le pedía, se ha puesto a terminar de desmontar las estanterías: tú ponte a rascar las pegatinas del escaparate, ha dicho con suficiencia masculina.

Tampoco para él debe ser fácil ayudar a desmontar lo que fue él último sueño de su padre. Pero también necesita dejar de apresurar el paso y mirar al frente cada vez que pasa por delante de este maldito lugar que no tiene nombre, sólo es “el local”. Quizá también para él resulte catártico construir una nueva ilusión sobre las ruinas, quemar las sábanas de los fantasmas.

Cuando se marcha, después de haber desmontado todo lo desmontable, su madre se queda un rato más. Le apetece estar sola, liarse un cigarro y fumar de espaldas al caos de tubos y tablas que hay a su espalda, mirando a la calle, como parte del escaparate. Porque eso es lo que va a ser cuando pinte el cierre de otro color.

De camino a casa- ocho minutos dando un paseo-, para en la plaza del pueblo a tomar una caña con un amigo, al que quiere hacer un par de consultas. Apenas veinte minutos.

Desde que ha decidido reabrir el local, pasa muchas horas en la cocina: mata la ansiedad y el miedo cocinando con amor, dedicando a cada plato el tiempo que merece. Pero hoy está tan cansada, que encendería el fuego y se quedaría toda la noche frente a él.

Entra en la cocina y pone música que, como el flautista de Hamelin, atrae a su hija de doce años.
Mami ¿te ayudo a hacer la cena? Ha dicho poniéndose el delantal. Tú siéntate y dime qué voy haciendo.

Guisantes con jamón y pescado a la romana.
Ya lo decía el abuelo: familia unida jamás será vencida.

Construyendo, 2

por artistadesconocida
Publicado originalmente: 13dic08
Fotografía en contexto original: homeli


Tiene una relación muy ambivalente con el local.
Es suyo.
Lo compró con dinero de su padre muerto para ayudar a su amor moribundo.
Y ahora, este ataúd es lo único que puede ayudar a que la economía familiar no termine de hundirse.

Aunque ella no cree en esas cosas, está de acuerdo con un amigo que ha dicho que tal vez el local precisa de algún ritual de magia blanca.
A los dos últimos ocupantes los busca la Guardia Civil.
Ambos se encontraron sin salida bajo el mismo nombre franquiciado, los mismos colores corporativos, la misma actividad.

Lo primero, lavar la cara al local, pintar la fachada, los marcos del escaparate, cambiar el cartel. Hacer olvidar a los demás que esas cuatro paredes han sido testigo de auténticos dramas humanos.
Olvidarlo ella misma.

Y lo primero de lo primero, deshacerse de esos horribles muebles modulares metálicos que invitan al suicidio colectivo, vaciar el espacio para poder pintar. Para crear un lugar en el que poder sentarse a charlar, a leer, a escribir… Un lugar que ofrezca refugio a mentes inquietas, a personas con ganas de seguir creciendo, de comprender.

Y, dicho y hecho, ha estado toda la mañana desmontando estanterías.

© 2022 Marisol Oviaño

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